jueves, 14 de junio de 2018

Cuentos de siempre, "curioso".


Caperucita, ilustración holandesa de 1868

Quién de nosotros, o de nuestros pequeños, no ha oído hablar de Caperucita Roja,  El Patito feo, Blancanieves y los siete enanitos, Hänsel y Gretel, El gato con botas, Cenicienta… y así hasta completar una larga lista de cuentos infantiles que han logrado, y logran, hacernos pasar horas de entretenimiento, curiosidad e ilusión. Pero ¿cómo nos ha sido posible conocer estos relatos? Contestar a esta pregunta requiere mencionar a Charles Perrault, Los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen.

Empecemos por el primero de los autores citados, Charles Perrault, fue un funcionario y escritor francés del siglo XVII, formado en leyes y lenguas muertas, famoso por recopilar una serie de cuentos de tradición oral o descritas por otros escritores como Giambattista Basile (colección de cuentos llamada “Pentamerone”), entre ellos, Perrault llevó al papel:  Caperucita roja, La bella durmiente, Cenicienta, El gato con botas, Pulgarcito… En sus "Historias o Cuentos de antaño", más conocido como "Los cuentos de mamá Gansa" (por la imagen que ilustraba su cubierta), se encuentran la mayoría de sus cuentos más famosos. Como curiosidad, decir que Perrault añadía a sus relatos paisajes que le eran conocidos, como el Castillo de Ussé para el cuento de La Bella Durmiente, y moralejas al final de cada cuento (tener en cuenta que son historias que tienen por fin aleccionar a la sociedad sobre lo que está bien y lo que está mal, de ahí premiar o castigar).
Los hermanos Grimm, Jacob y Wilhelm, filólogos y folcloristas alemanes de finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX, deciden recopilar una serie de cuentos de tradición oral local con el fin de preservar la cultura alemana, con ese propósito, entre 1812 y 1822, publican una colección de cuentos: “Cuentos infantiles y del hogar”, ampliada en 1857 en “Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm”. Estos cuentos han servido para difundir y conocer historias tan famosas como son Blancanieves y los siete enanitos, Hänsel y Gretel, El lobo y los siete cabritillos, La Cenicienta, La bella durmiente, Juan sin miedo, Caperucita Roja, Verdezuela (Rapunzel), Rupelstikin… Una característica de los cuentos recopilados por los Grimm es que preferían los finales felices, algo que Perrault no tenía en cuenta, y utilizaban fórmulas de inicio y final, por ejemplo, el famoso comienzo “Érase una vez o Había una vez”.

Y para concluir, Hans Christian Andersen, autor danés del siglo XIX, imaginó obras como La sirenita, La pequeña vendedora de fósforos, Pulgarcita, El patito feo, El soldadito de plomo, La princesa y el guisante…, narraciones que irán saliendo a la luz a partir de la primera colección de sus “Cuentos contados a los niños”. Una costumbre de Andersen fue la de narrar de su propia voz sus cuentos. Su inspiración para escribir sus relatos le venía de sus experiencias particulares, aunque tampoco desdeñaba indagar en las fuentes de la tradición popular o narraciones mitológicas alemanas y griegas. Sus cuentos se han traducido a más de 80 idiomas y han sido adaptados a obras de teatro, ballets, películas... Actualmente el premio más importante de literatura infantil y juvenil lleva su nombre.

Como se habrá podido observar, hay cuentos mencionados que   tienen doble autoría, tal es el caso de Cenicienta, Caperucita roja o La Bella durmiente, y ello es debido a que, tanto Perrault como los hermanos Grimm, bebieron de las fuentes tradicionales para hacer su colección de cuentos y no los idearon. Ahora bien, sí que hicieron sus propias versiones, entre otras cosas, porque las adaptaron a su tiempo. Veamos este asunto con ciertos ejemplos: 
Caperucita Roja: en el cuento tradicional se narra que el lobo invita a Caperucita a comer sangre y carne fresca (la de la abuela despedazada), hecho que tanto Perrault como los Grimm eliminan de sus versiones, sin embargo, Perrautl mantiene una escena lujuriosa en la que el lobo invita a Caperucita a meterse en la cama con él, además de no suprimir el final trágico de la abuela y de la niña en la panza del lobo; en la versión de los Grimm se descarta la escena de cama y añaden un personaje a la historia: el leñador, que será quien salve a la abuela y a Caperucita de morir a manos del lobo y de al relato un final feliz. 
Cenicienta: en este cuento será Perrault quien cambie el zapato de piel de animal de la tradición oral por el de cristal y añade el hada para ayudar a Cenicienta (posiblemente detalles más al gusto de la corte francesa, para la que trabajaba); en la versión de los hermanos Grimm no hay hada, sino un árbol y en él un pajarillo que concede deseos (más afín a la tradición germánica), y en vez de un zapato de cristal uno de oro que incitará a la madrastra a proponer a sus hijas algo tan macabro como pueda ser cortarse los dedos del pie, a una, y el talón, a otra, para que el zapato les entre y puedan casarse, una u otra, con el príncipe (cosa que no consiguieron a pesar de todo), además, los Grimm añaden un violento final en el que las hermanastras quedarán ciegas al picarles unas palomas los ojos por malvadas.  
Y así podríamos seguir con el resto de los cuentos adaptados, con una forma de contarlo según Perrault o según los Grimm, eso sí, sin que la esencia del cuento se perjudicara por ello.

Y colorín colorado esta entrada se ha acabado y espero que os haya gustado.
©M. Carmen Rubio Bethancourt


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