No creo que descubra a nadie que la felicidad tiene diferentes formas de entenderse según nos la defina, o la sienta, una persona u otra. Por ejemplo, según Edgar Allan Poe, "Las cuatro condiciones para la felicidad son: el amor de una mujer, la vida al aire libre, la ausencia de toda ambición y la creación de una belleza nueva"; para John Burroughs, "El secreto para tener felicidad es tener algo que hacer"; para George Sand, "Hay una sola forma de felicidad en la vida: amar y ser amado". Y así podríamos seguir añadiendo a la lista más y más consideraciones sobre la felicidad. Para mí la felicidad está hecha de instantes. Instantes de los que en su mayor parte ni siquiera soy consciente de ellos. Aquí os dejo un microrrelato que tiene que ver con esto que os digo. Espero que, aunque no coincidáis con mi percepción, os guste.
Momentos
Ha comenzado a llover, tal como estaba previsto; el clip, clip de las gotas
de lluvia chocando en el cristal de la ventana me hace reparar en ello. Durante
unos segundos he anclado mi vista en el exterior de mi hogar y siento que el
mundo de fuera y el mío son distintos, uno agreste y frío, el otro, el mío,
cálido y protector. El sonido de las pisadas de mi hija mayor en el pasillo ha
provocado que vuelva la mirada hacia ella; tiempo de castañas y aún lleva
chanclas, un caso. La veo girar hacia la cocina, coger un vaso y llenarlo con
agua de una botella de la nevera. Está alta para su edad, y guapa. Al salir de
la cocina me ve observarla desde el sofá del salón y me dedica una sonrisa,
luego me dice: ‹‹Me voy a estudiar» y se retira; imagina que con eso de ‹‹Me
voy a estudiar» me deja tranquila. A la pequeña la tengo sobre mí, con su
cabecita apoyada sobre mi regazo; se ha quedado dormida en tanto disfrutábamos
de una serie de televisión, más del gusto de ella que del mío, pero paso tan
poco tiempo con ella que acepto una de Disney con tal de tenerla un ratito
junto a mí. Justo en el sillón que está cercano a la ventana, en esa que se
dejan caer las gotas de lluvia, está sentado mi otro yo. Tiene un periódico
entre las manos, el Marca, creo. Entre vistazo y vistazo a las publicaciones se
queda dormido. Me hace gracia porque su cabeza parece la de un tentetieso, no
termina de caer ni de un lado ni de otro. A mi alrededor no hay nada que sea
excepcional: muebles cargados de libros y recuerdos, una mesa con jarrón,
sillas que la rodean, tresillo, auxiliar con televisor… Sin embargo, aquí,
entre tanta cosa común y gente para otros tan corriente, en un día gris y
lluvioso que veo desde la ventana del salón, siento, justo en este instante, la
felicidad perfecta.
©2020 M. Carmen Rubio Bethancourt
Irene
ResponderEliminarMe encanta!!!, muy tú Mari Carmen encontrando la felicidad en las pequeñas cosas cotidianas del dia a día que quizás no sabemos apreciar hasta que faltan.
ResponderEliminarMe da mucha alegría saber que te ha gustado. Muchas gracias, Irene, y un besazo.
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