martes, 16 de diciembre de 2014

La Navidad ha llegado

La adoración de los pastores, Murillo.

En esta ocasión voy a reflexionar, me apetece, pues la Navidad, que ya está cerca, es un tema que da mucho juego para hacerlo. Y es que cada año me hago la misma pregunta, ¿por qué seguimos celebrándola? Se supone que es una fiesta donde los cristianos comparten amor y alegría por el nacimiento de Jesús. Pero en el mundo que vivimos, ¿tienen hueco tales sentimientos? Guerras, miseria, crueldad, fanatismos, odios, avaricia... Tengo la sensación de que no somos dignos de festejar una fiesta que se basa en el amor al prójimo, exactamente lo que no profesamos. Entonces... si nada cambia, si no permanece la paz y el amor que tanto nos deseamos, por qué reiteramos ese espíritu navideño cada año; bien sabemos que pasadas esas fechas seguiremos siendo la misma sociedad mezquina de siempre. Dándole vueltas al asunto llego a una conclusión, de no celebrarlas dejaríamos de tener el único momento del año en el que la humanidad parece comportarse algo mejor con sus semejantes. Me gustaría que nuestros buenos sentimientos permanecieran sin limitarse a unas semanas, posiblemente las injusticias desaparecerían, sería un buen deseo para 2015, pero dado que todavía no es posible, al menos tenemos estas fechas para deleitarnos con algunos actos que nos honran. 

¡Feliz Navidad y buen año nuevo para todos!

lunes, 24 de noviembre de 2014

Microrrelato: Polvo eres

Es obvio que a todos, algún día, nos llega la hora. Los que anduvieron su camino sin baches y sin interponer piedras en los de otro u otra, dejan dolor en las almas y consuelo en el recuerdo, pero los que no… Bueno, en este microrrelato creo que expreso bien clarito lo que dejan.

Imagen de la película "Un funeral de muerte" (2007)
Polvo eres

Don Fulano, porque todos al final quedamos en eso, daba su adiós al mundo. Su resumen de vida, personaje sin escrúpulos y estafador hasta cansar. Propósito de serlo, poder; objetivo conseguido y por cuya razón asistía tanta gente a su entierro. “No somos nada, no somos nada”, repetía entre gimoteos su viuda en tanto recibía el pésame de cuantos la acompañaban. Los presentes, trajeados en negro, mantenían una sonrisita de satisfacción al contemplar al muerto.


© 2014 M. Carmen Rubio Bethancourt

jueves, 16 de octubre de 2014

Recursos escritores: Cómo evitar el dequeísmo y el queísmo.

 Imagen de la película "El ladrón de palabras" 

El impulso de escribir nace desde dentro, y lo sé bien porque lo padezco, hay una necesidad de contar, de expresar sentimientos, opiniones, historias; pero hacerlo requiere tener en cuenta unas reglas: las ortográficas y gramaticales. Reconozco que en ciertas ocasiones soy víctima de tales pautas y cometo errores que, en la medida de lo posible, intento subsanar, aunque el autor no es buen juez de sus obras, no posee la distancia del lector; sin embargo, hay ciertos "trucos" que ayudan a minimizar algunos de esos "lapsus" que a veces se nos escapan, por nombrar un par de ellos, y de los cuales me voy a ocupar en esta entrada: “El dequeísmo y el queísmo”. Imagino que sabéis en qué consisten, recordemos:
-Dequeísmo, concepto que se usa para nombrar la utilización indebida de la preposición “de” junto a la conjunción “que” en una misma oración. Suele ocurrir al combinar un complemento del régimen verbal con un objeto directo. Por ejemplo: Mi hermana piensa de que vendrá Carlos. (Incorrecta). Debe escribirse: Mi hermana piensa que vendrá Carlos.
-QueísmoEs lo contrario al dequeísmo, es decir, suprimimos la preposición “de” cuando es necesaria delante del “que” en la oración subordinada. Por ejemplo: Estoy seguro que ganaremos la liga. (Incorrecta). Debe escribirse: Estoy seguro de que ganaremos la liga (es preciso utilizar la secuencia “de que”)

¿Cómo reconocer que fórmula es precisa en la oración? Utilizando uno de esos trucos” de los que he hablado que ayudan al escritor. Con el que os voy a comentar podréis identificar qué secuencia debemos usar en nuestra frase para no cometer ni dequeísmo ni queísmo; para ello debemos convertir nuestra oración principal en interrogativa, es decir, preguntar al verbo principal, por ejemplo: Mi amigo cree de que soy un buen futbolista. ¿Está bien o mal construida nuestra frase? Preguntemos al verbo principal: ¿Qué cree mi amigo? Observad que la pregunta carece de preposición “de”, por tanto sobra “de”. Veamos el caso contrario, ejemplo: Me acuerdo que tu hermano viene mañana. Al preguntar necesitamos la preposición “de”, pues lo haríamos así, ¿De qué me acuerdo? En este ejemplo tendríamos que añadir a nuestra frase la preposición “de”, ya que la pregunta exige “de”.

Espero os ayude. Gracias por vuestra visita.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Escritores hasta en la sopa


Ewan McGregor en una escena de la película de Polanski “El Escritor”
Voy a empezar esta entrada dando las gracias a cuantos habéis leído mi novela. ¿Por qué? Sencillamente porque entre tantos autores que alguien se interese por tu obra es, cuanto menos, de agradecer. Y es que hoy en día, gracias a que los gobiernos han reconocido el derecho a la educación, bueno algunos países se lo saltan a la torera y así les va, casi todos los hombres y mujeres sabemos leer y escribir, haciendo posible que muchas personas puedan plasmar sus sentimientos o su imaginación a través de la escritura. En multitud de ocasiones esa traslación al papel, o al procesador de texto, de nuestro interior quedará para nosotros, por consiguiente nadie la conocerá, pero otras sentiremos la necesidad de compartir, de mostrar nuestros escritos a otros; hasta hace unos años esta última opción tenía escasas probabilidades de hacerse realidad, pues la única vía posible era que una editorial te respaldase, reto muy difícil de superar, pues ciertas condiciones eran exigibles, por lo que la palabra “escritor” o “escritora” quedaba reducida a un pequeño grupo, pero nació Internet y con ello la posibilidad de salir al exterior sin necesidad de padrino, y si a ello le añadimos la aparición en el mercado literario de las plataformas de autopublicación, ya no hay “peros” que argumentar para lograr nuestra sueño, publicar, logrando con ello abrir ese círculo, reservado años atrás a unos pocos, a todos; no hay más que asomarse a las redes sociales para comprobarlo, multitud de publicaciones que nos anuncian tal o cual novela y enlaces para acceder a las mismas, tantos que he llegado a creer que todos a los que queremos atraer con nuestros anuncios están en el mismo barco, escritor en busca de lector. Y es ahí donde, al menos yo, tengo el gran problema, cómo destacar tu obra entre tanta oferta… Echando un ojo a las redes sociales aprendes algo de los que ya tienen cierta experiencia en esto, frases tipo: “mirad que reseña tan estupenda sobre mi novela”, “nuevo comentario cinco estrellas en Amazon sobre mi novela”, “ya está mi novela en el top 100”, etcétera, etcétera… Y algunas he utilizado, no lo niego, pero reconozco que no es suficiente para captar al lector. El escritor autopublicado no cuenta con el apoyo editorial que le facilita este tipo de acciones en pro de la venta de su libro, por tanto tiene que hacerse con una buena estrategia de promoción, empezando por un título que enganche, una buena portada que atraiga y una sinopsis que incite a leer. Hasta hace relativamente poco tiempo no creía que estos aspectos fueran tan importantes, para mí el contendido era lo esencial, pero, claro, como dicen muchos entendidos, nadie te conoce y sin un nombre que te respalde la imagen es fundamental, los anuncios son fundamentales, en pocas palabras, ingenio publicitario a raudales y a desparramarlo por las redes sociales; es que no queda otra si deseas que alguien se fije en tu relato. Espero que los que tengáis intención de publicar hayáis tomado buena nota de lo que os espera, porque la competencia es monumental, aun así, porque vuestra obra lo merece, vale la pena intentarlo.  

Por M. Carmen Rubio Bethancourt

sábado, 23 de agosto de 2014

Mi adiós a Robin Williams

Imagen de la película "El club de los poetas muertos" (Peter Weir,1989)

El once de agosto del presente mes, conocíamos la noticia de que el actor estadounidense Robin Williams se había suicidado. No puedo imaginar que circunstancias personales le harían tomar esta decisión tan dramática, algo muy duro tendría que estar viviendo para llegar a ello, pero sin duda los amantes del cine hemos perdido a uno de los grandes. Reconozco que no todas las películas que he visto de este genial cómico me han gustado, no por su labor que es magnífica, los argumentos no me llenaban, sin embargo, con sólo una de sus obras, “El club de los poetas muertos”, me ganó para siempre. Aquella película la vi en el momento de su estreno en el cine y supo, con su interpretación en el papel del profesor John Keating, emocionarme. Recuerdo muchas enseñanzas preciosas de aquella obra, su concepto del carpe diem, el valor a los sentimientos, la amistad, la libertad, y me recuerdo llorando a moco tendido con aquella despedida de sus alumnos a su querido profesor con la célebre frase: “Oh, capitán, mi capitán”. Yo creo que Robin Williams era ese alma que reflejó perfectamente en aquella bonita película, tal vez ese inconformismo le hacía imposible la existencia. Sea como fuere, este gran actor vivirá para siempre. Descanse en paz.


Por M. Carmen Rubio Bethancourt

martes, 22 de julio de 2014

Nueva reseña de Futuro bajo sospecha.


Aquí os dejo el enlace de una nueva reseña de mi novela "Futuro bajo sospecha". La ha realizado una gran lectora, Laura Lunilla, autora del blog: El templo de la lectura. Creo que, como las anteriores, es bastante interesante para quienes queráis descubrir algo más acerca de su trama y lo que provoca en los lectores su lectura 
http://eltemplodelalectura.blogspot.com.es/2014/07/futuro-bajo-sospecha-m-carmen-rubio.html

sábado, 28 de junio de 2014

Tiempos de crisis.

Ecce Homo de Elías García, s.XIX, Iglesia de Borja
(En la imagen inferior restauración de Cecilia Giménez)

No hace falta tener ojos de lince para percibir la mala situación económica que está soportando la sociedad en la que vivimos, simplemente porque, de una u otra manera, la padecemos “casi” todos. Frente a esta desgracia, donde hay quienes, incluso, ni tienen para comer ni cobijarse, surgen políticas que, se supone, tratan de contrarrestarla, aunque no se aprecien los resultados, la gente sigue perdiendo sus puestos de trabajo, siguen perdiendo sus casas por no poder pagarlas, se dejan de percibir derechos que antes se tenían por nuestros en pro de recortes para solventar la papeleta… La salida a nuestros problemas económicos sigue sin llegar y son muchos los que ya no pueden más. El relato que presento a continuación surgió de esa necesidad, la de expresar la desesperación de las personas que ven agotadas sus posibilidades de subsistencia.

El Cristo del milagro (un relato basado en ciertos hechos reales)

Alfonso ya no podía más, su tienda era un lugar repleto de objetos inútiles, en otra época apetecibles, a los que ahora sólo el polvo parecía querer desearlos, ni siquiera la iglesia, que tenía a escasos metros, atraía a algún que otro feligrés, y eso que muchos permanecían, pasada la homilía, en la plaza disfrutando de un ratito de tertulia frente a ésta quedando el establecimiento ante sus ojos, pues nada, caso omiso. La situación era insoportable. La única opción, echar el cierre, ya que Alfonso había agotado todos los recursos administrativos posibles para resistir y optar a un crédito personal era imposible, los bancos no prestan a los que no tienen respaldo económico, paradójico. Llegado el domingo, único día no laboral para el comerciante, tenía, incluso, que toparse con su patético negocio, había que escuchar misa, justamente, en la iglesia que era testigo de su infortunio. Sentado junto a su mujer, entre tanto el sacerdote emitía su homilía, distraía su tiempo, no interesado en la plática, en ojear a un lado y a otro del recinto sagrado. De pronto, un Cristo muy demacrado acaparó su atención. Se trataba de una pintura, muy deteriorada, que apenas dejaba vislumbrar los rasgos de la imagen. Le pareció tan digna de lástima como él, a expensas de que alguien reparara en su figura y le hiciese salir a flote, porque… ¿quién podría dedicarle una oración a ese Jesús?, casi no se le veía. Fue tal compasión la que sintió Alfonso por el Cristo que quiso dedicarle los únicos rezos que aquel día saldrían de su boca, incluso, haría más, pondría su fe en él suplicándole ayuda divina para levantar su negocio, era el único recurso que le quedaba frente a su desgracia, apelar a la gracia celestial. Los días fueron pasando y esa ayuda del cielo, invocada por Alfonso, no parecía hacer acto de presencia. Lo irremediable y no deseable parecía llegar. Unos carteles anunciando “liquidación de artículos”, iniciaban el fin. Entre tanto, otro revés se desataba en el pueblo, la imagen más antigua de la iglesia,
exactamente esa pintura de la cual se apiadaba Alfonso aquel domingo, había sido ultrajada por la mano de una osada; le había realizado tal desastre en su aspecto que no hubo por menos que darlo a conocer a los cuatro vientos. En menos de unas horas la imagen mancillada daba la vuelta al mundo y se ponía en boca de todos, a través de lamentos en gente del municipio y, para sorpresa de los habitantes del lugar y del propio Alfonso, a modo de celebración para el resto de la humanidad, porque nada importaban esas rayitas en las que se habían convertido los ojos de la figura ni su boca tornada a borrón, la autora, a ojos de los entendidos, era un genio. De todas partes llegaban personas ansiosas por ver la transformación de aquella pintura, deseaban admirarla, hacerse una foto con ella, pedirle favores, ya que comenzó a tener cierta áurea de milagrosa… El pueblo, por arte de magia, pasaba de ser desconocido a lugar de peregrinación y la tienda de Alfonso reclamo de turistas, pues atendiendo a la demanda de forasteros, nutrió a su comercio de recuerdos del lugar y, cómo no, de objetos alusivos a la figura protagonista. El dinero empezaba a fluir por todos los rincones de aquel lugar sin que ninguno de sus habitantes pudiera explicárselo, excepto Alfonso, que entendía que aquello no había sido más que la atención que el cielo le prestaba. 

Creado por M. Carmen Rubio Bethancourt ©

viernes, 13 de junio de 2014

Primeras reseñas sobre "Futuro bajo sospecha"


Myo Portella
¿Te gusta leer?Banner Mi corazón y yo

En esta entrada os informo de las primeras reseñas que he recibido sobre "Futuro bajo sospecha" Me parece interesante que conozcáis opiniones de personas que, entre otras cosas, dedican parte de su tiempo a leer y comentar las obras leídas. Las veréis en los blogs de Myo Portella ("Myo Portella"), Susana Palacios ("Mi corazón y yo") y Mirella Patiño ("Te gusta leer") Espero os gusten y os provoquen interés por mi novela. 

martes, 10 de junio de 2014

"El maestro del Prado" de Javier Sierra



Acabo de terminar de leer “El Maestro del Prado” de Javier Sierra, 2013, editorial Planeta. Me ha parecido una obra muy interesante, por eso me atrevo a recomendarla. Es una historia que narra un acontecimiento sufrido por su protagonista, el mismo Javier Sierra, durante su etapa de estudiante de periodismo. En el transcurso del relato, el escritor nos sumergirá en un constante descubrimiento de mensajes en obras pictóricas del Prado de autores como Tiziano, El Bosco, El Greco… Para desarrollar el relato Javier Sierra se vale del recurso de un personaje enigmático, el maestro Fovel, para desvelarnos su exhaustivo trabajo de investigación; a través de él Javier Sierra nos enseñará a mirar de otro modo las pinturas del Prado, descubriendo en ellas algo más que belleza o su preciosa factura. 

lunes, 2 de junio de 2014

Mi entrevista en Mis libros preferidos


Imagen de la película "El reportero"
Quiero haceros participe de algo que me ha hecho mucha ilusión realizar, una entrevista acerca de mí y mi novela, “Futuro bajo sospecha”, en mislibrospreferidos.com. Os dejo el enlace con el cual iréis a ella, pinchad sobre él y tendréis, en un instante, una mejor idea de qué me impulsó a crearla y qué personajes se identifican más conmigo. 

domingo, 4 de mayo de 2014

Publicar en Amazon


En una de las entradas anteriores de mi blog, comenté la manera de autopublicar en lulu.com, pues ahora lo hago con Amazon. Y es que, hace unos días, he autopublicado mi novela, “Futuro bajo sospecha”, en esta plataforma de autoedición. Os comentaré, grosso modo, el modo de hacerlo, tal vez a alguno de vosotros os sirva de ayuda. Primero de todo, como casi siempre, registrarse para acceder al sitio. Después vamos a un enlace que llaman “publica de forma independiente”, que está en la parte inferior de la página de inicio de amazon.es, exactamente donde pone “gana dinero con nosotros”, y comienza la acción pinchando “empiece ahora. Os comunico que Amazon publica en ebook, exactamente ellos lo llaman “Kindle”, por el dispositivo que utilizan. El paso primero será dejar vuestros datos personales y los del libro, ojo con la sinopsis (que sea interesante) y palabras clave para atraer (tenedlas pensadas con antelación) Seguidamente viene algo que a mí se me hizo engorroso, los datos fiscales, no es nada complicado, pues no teniendo nada que ver con EEUU no hay datos fiscales que aportar, al menos yo no los tengo. Y ahora llega el momento de editar nuestro libro, la portada, puedes subir una imagen propia y adaptarla a unas plantillas que ellos te proporcionan gratis o subir una portada totalmente realizada por nosotros o una confeccionada en Amazon, tú eliges. En cuanto a nuestro archivo, muy importante antes de subirlo, tener nuestro documento en un formato adecuado a la publicación, admiten varias opciones, entre ellas doc, docx, rtf, pdf…, pero, cuidado, tened bien diseñado el interior, es decir, márgenes, saltos de página, tipo de letra, tamaño…, si necesitáis ayuda tienen un tutorial donde nos indican las cuestiones precisas, no obstante, si nos atascamos, podemos aparcar el proyecto y seguir en otro momento, pues lo que llevamos hecho hasta el momento se guarda en un borrador que, posteriormente, podemos recuperar. Realizado todo este proceso, interior y portada, visualizaremos nuestro proyecto; si estamos conforme con lo visualizado, indicaremos a la plataforma cómo queremos que nos paguen los royalties de ventas, opciones que da Amazon: cheque o transferencia a tu cuenta bancaria. Finalmente, poner un precio a nuestro Kindle y tanto por cierto que deseamos obtener de cada venta, 35 % o 70%, dependerá del precio que pongas a tu producto (te lo indicará la página), un consejo: si eres autor desconocido no conviene ponerlo alto, mejor tener lectores que esperanzas de ganar dinero. Terminado todo este proceso, en unas horas, nuestro libro estará disponible para la venta en Amazon.
Amazon te da una opción para que tu Kindle sea más visible y vendible, KDP select; obligaciones para poder usar este servicio gratuito, pues no tener nuestra obra, en formato digital, en otro lugar, sólo con ellos.
Para poder seguir nuestro proyecto, una vez publicado por Amazon, hay un enlace en la página, yo lo encuentro en la parte inferior de ésta  (desconozco si hay otro modo de acceder a él) “Kindle Direct Publishing”, pinchas y encuentras tu libro en “Biblioteca” (desde aquí podrás hacer cambios posteriores), si pinchas “Informe” encontrarás las ventas, comentarios, etc…
Espero os sirvan estas líneas para animaros a publicar en la plataforma.


M. Carmen Rubio Bethancourt

jueves, 24 de abril de 2014

Plataformas de autopublicación, sí o no.

(Jovenes leyendo, Pierre Renoir)
Los que amamos narrar historias tenemos una inestimable ayuda con los recursos tecnológicos de hoy en día, tal es el caso de los procesadores de textos o las consultas a la carta, vía Internet, con las que documentar nuestro proyecto, si éste lo requiere, pero algo más se ha puesto a nuestro alcance, publicar, pues páginas webs tipo Amazon, Lulu, Bubok…, han hecho posible que miles de autores desconocidos, ósea,  mi caso, tengamos la opción de exponer al público nuestras obras. Habrá quien piense que este tipo de edición no es seria o que las obras que muestran esos escaparates digitales no tienen calidad, sobre el último aspecto de mi suposición imagino que habrá de todo, obras buenas, pasables y malas, pero,  ¿de qué otro modo un autor no conocido, no famoso, sin un currículum literario de peso, puede entrar en el difícil mundo de las editoriales convencionales? Salvo excepciones, los nuevos autores tenemos escasas posibilidades de publicar y debido a ello, intuyo, habrá miles de obras de gran valor que habrán quedado encerradas en un cajón, precisamente por eso, por no tener forma de salir al mercado; por fortuna, llegó Amazon y todas las plataformas que han seguido su modelo de publicación; naturalmente no es lo mismo, para el escritor, tener el respaldo de una editorial de las de toda la vida, pues se verá privado de corrección de texto, a la que tienen acceso los autores publicados por la vía tradicional, marketing de autor, promoción de la obra, etcétera, etcétera…; sin embargo, a pesar de las desventajas con que nos encontramos los autoeditados, estas webs nos brindan la opción de que alguien, que no sea nuestra madre o amigo, nos lea, porque estas plataformas no valoran la obra o cuestionan al autor, estas webs, simplemente, exponen, dejando el oficio de juzgar a quien interesa, a los lectores; porque serán ellos, al fin y al cabo, los que harán famoso a uno u otro libro. No creo que las plataformas de autopublicación hayan ideado algo perjudicial al panorama literario, precisamente opino lo contrario, con lo que expreso mi total apoyo a estas webs que, para mí, lo único que han hecho es idear una nueva manera de editar, la de exponer y dar a elegir a los lectores. Perfecta combinación y buena manera que una buena historia sea tenida en cuenta por todos.

M. Carmen Rubio Bethancourt 

domingo, 20 de abril de 2014

El año que fue martes

Hola amig@s, hago esta nueva entrada en mi blog a objeto que conozcáis una novela que he creído interesante que leáis, se trata de "El año que fue martes" de Ernesto Valfer. Os avanzo sinopsis, portada y enlace para conseguirla.
Sinopsis:
A lo largo de nuestra vida tomamos decisiones que se comprueban equivocadas al cabo de unos pocos meses o de muchos años. No es raro que, atrapados en la trampa del futuro convertido en presente, no sepamos cuándo cometimos el error o si de verdad lo fue aquella pequeña decisión tomada sin saber que iba a condicionar el resto de nuestra vida.
En ocasiones nos vemos impelidos por las decisiones de los demás, las cuales nos conducen por unos caminos que no habíamos previsto y de los que no vemos el final hasta que es demasiado tarde. Sólo muy raras veces la vida nos conduce al punto en el que podríamos, si no enmendar los errores, al menos, reconstruir nuestra felicidad. Laura, Juan y Andrés tuvieron esa oportunidad el año que fue martes.

sábado, 12 de abril de 2014

El símbolo del copyright ©

©
Es un distintivo muy común de ver en cualquier obra de carácter intelectual o cultural, pues se utiliza para identificar los derechos del autor sobre ésta; con ello se está indicando que la misma no se puede reproducir, ni explotar, sin el consentimiento de su creador. Los derechos de autor incluyen derechos morales y patrimoniales, y pertenecen al mismo por el simple hecho de haber generado la obra, por lo que no es requisito indispensable registrar para poseer tales derechos. Según la legislación vigente, los derechos de autor expiran y pasan a dominio público, a nivel mundial, a los cincuenta años tras la muerte de su creador (Convenio de Berna), la legislación europea ha extendido ese periodo algo más, a los setenta años. Hay muchos autores que piensan que deben de hacer algún tipo de trámite para proteger sus derechos de autor hacia sus obras, por ejemplo acceder a un registro o poner el símbolo del copyright en ellas, pero, repito, no es necesario, el autor tiene tales derechos por el simple hecho de haberlas creado, lo indica claramente el art. 1 de la LPI (Ley de Propiedad intelectual); así pues el uso del símbolo del Copyright, ©, es de libre elección para el autor, su utilización tendría más un sentido de advertencia. Y, precisamente, como advertir no está de más, voy a indicaros, a aquellos que queráis incluirlo en vuestros creaciones en Word y desconozcáis cómo hacerlo, de qué modo obtener dicho símbolo, pues, como habréis observado, ese distintivo no se refleja en el teclado del ordenador. Yo lo consigo de varios modos: 1ª, usando el menú de Word, yendo a Insertar, Símbolo (busco el de Copyright y lo acepto); 2ª, con la combinación de teclas Control + alt + c ; 3ª, copiando y pegando; 4ª, y a mi parecer la opción más cómoda, poniendo la c entre paréntesis. A continuación añado uno de mis  microrrelatos, donde incluyo el aviso de Copyright, al final del mismo, a objeto de que observéis la forma de integrar el distintivo junto a nuestro nombre y año de creación de la obra.

X

En cierto lugar de la ciudad, una chica, X, escribe cuentos; cuentos que un día serán la puerta hacia el mundo de lo inimaginable. Ella no lo sabe, los inventa, pero no lo sabe. Encerrada en su dormitorio de adolescente, bajo la atenta mirada de sus muñecas de niña, escribe en su ordenador todo el torrente de ideas que abordan su mente, sin sospechar que el poder de su fantasía sea tan inmenso, que sea capaz de provocar, con el juego que le dejan las palabras, un universo de sentimientos rosas, azules, rojos, grises, negros... No imagina que no queda mucho para ser admirada por el mundo.


© 2014 M. Carmen Rubio Bethancourt

lunes, 7 de abril de 2014

El guión largo en tu relato.

Una de las situaciones con las cuales me topé a la hora de componer mis narraciones, usualmente en el procesador de textos Word, fue la de introducir, en ellas, el guion largo para diálogo, pues es conocido de todos que el que muestra el teclado del ordenador es el corto, fundamental para unir palabras compuestas o para indicar separación de una palabra debido al final de la línea, pero no para redactar una conversación entre personajes. Parece que hay ciertas combinaciones de teclas que posibilitan obtenerlo, como Alt + 0151 ; Ctrl + guion corto del teclado; Alt + G, pero, al menos en mi ordenador, carente de teclado numérico, no da resultado, por lo que, para los y las que estáis en la misma tesitura que yo, hay otras soluciones: una, copiar el formato de un guion largo y remplazarlo por los guiones cortos de nuestro relato,  otra, a mi parecer más cómoda, es configurar nuestra propia combinación de teclas para que, desde el comienzo de nuestro escrito, aparezca el guion largo sin necesidad de copiar y pegar. Veréis, los pasos para conseguirlo son los siguientes: nos vamos a Insertar, de aquí a Símbolo, Más símbolos, Caracteres especiales, dentro de ese cuadro aparecerán los diversos guiones con las combinaciones de teclas para obtenerlos, si os ocurre como a mí, que no os sale el deseado con las teclas sugeridas, entonces, elegido el guion que necesitáis,  le dais a Autocorrección, en este punto elegiremos nuestras teclas (yo escogí pulsar dos veces al guion corto del teclado) y, finalmente, Insertar y listo. Una vez en nuestro documento, cuando tecleemos nuestra selección de teclas, deberá aparecer el guion largo en el momento preciso. Al menos a mí me funciona. Espero haberos ayudado. Y como ejemplo os dejo a continuación parte de un dialogo que aparece en una de las primeras páginas de mi novela “Futuro bajo sospecha”.
          (Dialogo sostenido entre la protagonista y narradora de la historia, Desirée, y una de las asistentes del bunkér de refugiados, Isabel)
–¡Pero, ¿qué ha ocurrido exactamente que sea tan grave?! –empezaba a impacientarme.
–Pues… –parecía temer hacérmelo saber–, que se ha vertido una oleada de productos tóxicos, tan brutal, que nuestro entorno ha quedado en una situación alarmante, insoportable y, en consecuencia, por el momento, sin posibilidad de una solución a nivel exterior; sería exponer demasiado a los que intentasen ayudarnos. No quiero asustarla –expresó al ver, imagino, mi cara de espanto–, pero sí contarle la verdad, y la verdad es que estamos aislados, solos, recluidos en este lugar, en espera de que la situación mejore o haga posible el acceso a la zona por los que puedan socorrernos. Pero hasta que eso ocurra, este refugio es nuestra única oportunidad. En él no tiene que temer Desirée, este lugar está provisto de recursos imprescindibles y suficientes para subsistir meses.
–¡Meses…! –repetí aterrada.
–No Desirée, no se alarme. No quiero decir que vayamos a estar aquí encerrados tanto tiempo, sólo que hay medios suficientes para aguantar largas temporadas, si hubiese menester. Pero eso es algo que no consideramos probable.
–¿Y cuánto tiempo, dadas las circunstancias, creen ustedes que tendremos que permanecer aquí? –pregunté sobrecogida y con cierta acritud por cuanto oía.
–¿Permanecer aquí…? Bueno, por el momento, no hay un tiempo concreto. Se estima, debido a la rapidez con la que se está actuando para solucionar los problemas, porque no hay un solo instante que no se trabaje en ello, que en unas dos semanas…
–¡¿Dos semanas?! –repetí y cuestioné, pues me pareció un tiempo excesivo para dar salida a unas dificultades que se presentaban en una época en la que los avances tecnológicos estaban a la orden del día.
–Sí –afirmó con pesar–. Aunque ese margen de días, créame, sería un gran logro tal como se encuentra la situación en estos momentos.
–Es decir, qué probablemente sea más... –crecía mi asombro.
–No, no creemos. Tenga esperanza.
 (Autora del texto y del diálogo M. Carmen Rubio Bethancourt)

viernes, 4 de abril de 2014

Situaciones extraordinarias.

En esta entrada me gustaría deciros lo que supone para mí atravesar un suceso de fuerte emotividad; además de tristeza o alegría, dependiendo del caso, una carga de sentimientos, tan potentes, que difícilmente no me hagan percibir la necesidad de escribir. Me gusta relatar historias que surgen de mi imaginación, y aparecen casi constantemente, pero narrar a través del alma…, eso sólo ocurre cuando mi corazón está involucrado en algún acontecimiento eufórico o trágico. “Ausencia”, el pequeño relato que muestro a continuación, dedicado a mi padre, fue fruto de uno de esos momentos.


Fotografía de mi buena amiga Maribel Bonet (La Caleta, Cádiz).

Ausencia
(Por M. Carmen Rubio Bethancourt)

Aquel día, el año no quiso dejarle marchar solo, se fue con él, y acompañándoles, las lágrimas del cielo y el luto cerrado de la noche. No quedaba sombra ni aliento que permitiera mitigar su ausencia, se hizo rotunda. La mañana parecía evidenciar que nada había ocurrido, volvía a salir el sol, la gente iba y venía de un lugar a otro…, mecánicamente todo era y sucedía como siempre, sin percibir su vacío. Un instante fuera de mí y me atrapó el aire, entonces pude sentirlo, él, como yo, le añoraba, extrañaba su nombre danzando con el viento tras el saludo del amigo, extrañaba sus pasos recorriendo las viejas calles de la ciudad que tanto amó, extrañaba como disfrutaban, juntos, acariciando el mar.

domingo, 30 de marzo de 2014

Paraísos para todos los gustos.

Hay varios refugios en mi vida, uno es un libro, pero otros, sin duda, son mi ordenador e Internet. Fueron estos últimos los que me hicieron idear este microrrelato.


La chambre de Van Gogh à Arles (Van Gogh's Room at Arles) 1889
Rescate en la Red
(Por M. Carmen Rubio Bethancourt)

Mi habitación, el lugar más agobiante del mundo, cuatro paredes, repletas de objetos que delatan mí personalidad insignificante, que ven agotar mi existencia anodina hora tras hora; y en ella, mi portátil, “Mi tesoro”, como diría Gollum; lo abro, lo enciendo, añado mi contraseña y… ¡Voila, Internet! En quince pulgadas tengo frente a mí y para mí, el mundo. Ya nada es lo mismo.

jueves, 27 de marzo de 2014

Hablando se entiende la gente.

La batalla del Oresund.  Pintura de Jan Abrahamsz Beerstraaten (1660)
No creo que la humanidad haya sido en el transcurso de su evolución menos beligerante de lo que ahora lo es; de hecho, en la actualidad, contamos con organismos (O.N.U. claro exponente de ellos) capaces de disuadir a ciertos contendientes dispuestos a rivalizar; pero hay algo que nos separa de aquellas contiendas de antaño, el avance científico y tecnológico. Las batallas de entonces no contaban con armas potentes capaces de acabar con todo, a lo sumo, un tiro de cañón se llevaba por delante varias almas, para desgracia de los que lo sufrían, sin embargo hoy día sería imposible imaginar tan restringidas consecuencias. La mejor forma de atajar el problema sería el desarme, pero ¿qué país del mundo estaría dispuesto a ello? La gran  paradoja, o excusa, es que tener armas posibilita la paz; y no sería más sensato, barato y menos peligroso para todos utilizar la palabra para atajar diferencias. En base a este argumento ideé este pequeño relato:

Microrrelato : El viejo sabio
(Por M. Carmen Rubio Bethancourt)

Llevábamos días presagiando que ocurriría, incluso el cielo parecía sentir los mismo que todos nosotros, pues nos cubría con un gris intenso que se hacía acompañar por un aire que olía a tristeza y una insípida lluvia que caía como lágrimas. No nos equivocábamos, debíamos prepararnos para la batalla. Los escasos beneficios económicos se invirtieron en proveernos de mayor y mejor armamento; los generales se esforzaban en entrenarnos en el  combate y  en perder el miedo a morir, yo no era un buen discípulo, tal vez mi juventud me aferraba a la vida; al resto de la población, ancianos y niños, se les pedía que rezasen por la victoria. Cuando ya divisábamos los estandartes de la guerra enfrentados, el jefe rival dijo al nuestro: “Hablemos”. Nacía la semilla de la concordia y de mi sabiduría.

© M. Carmen Rubio Bethancourt 


viernes, 21 de marzo de 2014

Y, entre otras cosas, ser escritora.

Desearía escribir esta entrada comentando que, a lo largo de la historia, la mujer ha tenido las mismas oportunidades que los hombres; pero no, por desgracia no ha sido así; y ello ha supuesto que el género femenino haya sido relegado a un segundo plano en muchos ámbitos culturales, entre ellos el literario.

Por suerte, contamos con algunas privilegiadas  o valientes, según se mire, que han dejado su huella en este ámbito, póngase por caso el de Enheduanna, princesa acadia que vivió hacia 2.400 a. C., al parecer la primera escritora mujer de la que se tiene constancia; de ella se conservan estas palabras sobre lo que es, según su parecer, escribir: “Es una fiesta, como parir, dar nacimiento, concebir el mundo”. Pero no dejan de ser casos aislados. La Realidad era, y en muchos casos sigue siendo, que la mujer estaba relegada a un segundo plano con respecto al hombre, pudiendo sólo ejercer labores domésticas y familiares, perjudicando, enormemente, nuestra fecundidad literaria. No es de extrañar que Fray Luis de León afirmase en su obra “La perfecta casada”, que la mujer podía y debía aprender a leer, pero en silencio, y no escribir, “Pues nunca una mujer puede saber más que un hombre”, típico del pensamiento de su época. Ni siquiera Santa Teresa de Jesús, que escribía en pro de su fe, pudo hacerlo libremente, de hecho fue perseguida y condenada por la Inquisición por llevarlo a cabo. Sí, naturalmente que hay casos de escritoras que pudieron ejercer, ¡por fortuna!, tal es el caso de la escritora Christine de Pisan, nacida en Venecia y que vivió entre los siglos XIV y XV,  primera mujer en cobrar por sus escritos y fiel defensora de los derechos de la mujer, pero eran rayas en el agua. Para desgracia y pérdida de la humanidad, muchas escritoras de aquellos años de oscuridad intelectual para nosotras, sólo pudieron conformarse con dejar sus obras encerradas en el baúl o sacarlas a la luz bajo seudónimos o con nombres de hombre, pongamos como ejemplo el de las hermanas Brontë, famosas por obras, entre otras, “Cumbres borrascosas”, “Jane Eyre”, se hicieron llamar para poder editar sus novelas, Currer Bell, Ellis Bell y Acton Bell; la autora Cecilia Bohl utilizó el seudónimo Fernán Caballero…
Los movimientos en pro de los derechos humanos y feministas han abierto mucho camino para que esta absurda actitud hacia nosotras, por parte del género masculino (y de alguna que otra mujer, que también las hay), de mantenernos al margen de todo lo que sea usar el intelecto, vaya erradicándose. Pero aún queda mucho camino por recorrer, de otro modo no se entiende que escritoras de hoy, tal es el caso de Joanne Rowling (autora de la famosa saga de libros de Harry Potter), tuviera que firmar como J.K. Rowling, por consejo de su editorial, para vender mayor número de libros.
Soy escritora de vocación, pero no quiero sentirlo como un privilegio, sino como una elección. La humanidad tiene a sus espaldas muchísimos años de historia, durante la misma hemos evolucionado física y psíquicamente, pero nada habrá valido la pena si se cortan las alas a quienes pueden volar.
No quiero finalizar esta entrada sin expresar mi reconocimiento, ahora que se cumple el bicentenario de su nacimiento, a  Gertrudis Gómez de Avellaneda (Puerto Príncipe,  23 de marzo de 1814- Madrid, 1 de febrero de 1873). Escritora clave del romanticismo hispano-cubano. Una mujer que vivió bajo sus propias convicciones, precursora del movimiento feminista y de los derechos del ser humano, es autora de la primera novela con tintes antiesclavista, “Sab”. Gracias a ella, como a tantas otras mujeres y hombres que lucharon por ello, la sociedad va recobrando la cordura y, fruto de ello, las escritoras empiezan a ser un número importante en el panorama literario.   

(Por M. Carmen Rubio Bethancourt)

viernes, 14 de marzo de 2014

Cómo escribir una novela

No pretendo con esta entrada dar consejos, simplemente haceros participes del proceso que yo utilicé para realizar la mía “Futuro bajo sospecha” (si queréis saber de ella id a la pestaña superior del blog que lleva su nombre), y si os sirve de algo mi contribución para ejecutar vuestro proyecto, mejor.
Mi novela, como otras tantas que tengo en mi cabeza, e incluso desarrollando o desarrolladas, se inició con una idea, exactamente un canto a la vida. Una vez tuve mi motivación y mi horizonte, comencé a elaborar en mi mente la historia; gesté un inicio, una catástrofe; un desarrollo, con las incertidumbres y situaciones que genera una situación desesperante  y, por supuesto, un final; y es que pienso que antes de comenzar a escribir nuestro relato las piezas deben de estar, grosso modo, sobre la mesa. Con un guion que seguir, una protagonista, personajes y posible final, comencé a redactar mi novela. 
Pero no todo, aunque esté, más o menos, hilvanado, es coser y cantar, al menos no para mí; a veces surgen inconvenientes a nuestro trabajo: lapsus, bloqueos, la situación que suponías, como posible, no es apropiada, o los acontecimientos y  personajes no quieren ir por donde los llevas, pareciendo escoger su propio camino. Sin embargo nada de esto debe suponer un perjuicio para llevar a cabo nuestro propósito, un bloqueo se solventa distanciándonos de la historia por un tiempo, no debemos persistir en él, incluso si tenemos posibilidad de ir hacia otra parte de nuestro relato, mejor, ya regresaremos en otro momento al que dejamos aparcado; en cuanto a situaciones que no parecen ser idóneas a nuestra obra, es algo positivo, ideamos algo más adecuado al desarrollo de la novela y listo; y sobre el hecho de que los acontecimientos y personajes parezcan seguir su propio curso, esto a mí, más que un escollo, me parece perfecto, recuerdo una escena que me surgió de tal modo, un malentendido que se produce entre dos personajes de mi novela, un acontecimiento crudo y doloroso, y que tiene tremendas consecuencias para sus protagonistas, pues bien, no parecía fluir de mi cabeza, sino de los personajes, como si fuesen ellos quienes me dictaran qué escribir. Fue fantástico. De todos modos, aunque surjan imprevistos, creo que nuestra historia debe estar trazada desde el principio, como el boceto del pintor; posiblemente, según elaboramos nuestro relato, ese guion preconcebido se transforme, pero, al menos yo, lo encuentro necesario para comenzar a escribir.
Una vez concluida nuestra novela, viene algo que considero preciso para darla por finalizada, leerla y releerla. Seguramente encontremos algo que no haya quedado de nuestro agrado, es el momento de enmendarlo; yo lo hice varias veces, en el inicio, sin ir más lejos, en la primera versión de mi novela Desirée, la protagonista principal, no hacía su primera aparición encontrándose en el búnker, por lo que yo, resuelta a ejecutarlo de tal modo, me vi en la obligación de reelaborar un par de capítulos de mi relato, era como dar un paso hacia atrás, pero el resultado fue mucho más acertado. No hay que tenerle miedo a destruir y construir si con ello mejoramos nuestro trabajo. 
Satisfechos con nuestra obra, sólo nos resta ponerle título a nuestro relato. Hay quienes lo tienen preconcebido y quienes no, en mi caso tenía ideas sobre él, pero nada decidido. Finalizada mi novela, porque ella misma parecía proponérmelo, surgió. El título es algo que debe ser atrayente, que motive al lector a indagar qué se esconde tras él; no sé si yo, con “Futuro bajo sospecha”, lo he conseguido, espero que sí.
Y al fin, nuestro proyecto es una realidad.
Espero que os haya servido de ayuda cuanto he expuesto, de todos modos, como dice el refrán, “Cada maestrillo tiene su librillo”.

http://www.boosterblog.es